Disciplina, Laissez-faire, Liderazgo… ¿Dónde estamos?

Hace meses que no escribo y hoy no había de ser una excepción, salvo porque en Twitter a veces existe y se da la provocación, en términos positivos claro está. Un tweet de Juany Navarro (@JGNpsico), la curiosidad de Luis Prado (@cholinho) y el inconformismo de ambos han hecho posible que ahora esté aquí delante del ordenador, pronto y dispuesto, a intentar poner en orden algunas ideas que revolotean por mi cabeza sobre el tema del que los tres hemos acordado que escribiríamos.

Con este tweet empezó este pequeño desafío. Gracias amigos, a veces necesitamos estímulos y hoy ustedes me lo han dado.

Sugieren que escriba de entrenadores, de entrenadores ayudantes, de disciplina, de liderazgo… y vaya por delante que el tema me queda grande. Hay grandes profesionales y expertos en la materia, magníficos documentos y algún que otro libro imprescindible de los que aprender de verdad.

Escribiré desde mi experiencia como entrenador, pero no de esa que se mide en años, sino de esa que paulatinamente, ha ido agrietando mi piel, la que ha desarrollado el tacto en la punta de mis yemas, me ha enseñado el valor de un abrazo, la que me ha cambiado la profundidad de mi mirada y ha expandido mi mente.

Experiencia no son sumar años, más que lo saben. Son gente, lugares, conversaciones, viajes, libros, lo que ganas, lo que pierdes, lo que recibes, lo que entregas, la victoria, el fracaso, la alegría, la tristeza, la soledad, el vacío… el amor, la frustración, la incertidumbre.

Estoy seguro que hay una serie de características que definen al buen entrenador, al buen líder y al buen empresario. Pero no me veo capaz de citarlas como dogma de fe, como características imprescindibles. ¿Cómo podemos definir unas cualidades imprescindibles si como seres humanos todos somos prescindibles? Con o sin nosotros la rueda continuará girando.

Empezaré mi humilde aportación en un escenario que nada tiene que ver, por ejemplo, con una cancha de baloncesto, un campo de futbol o una pista de tenis. Os voy a situar en un parque. El parque donde salimos a pasear con mi perro, donde pasamos largos ratos en los cuales, no pocas veces, he aprovechado para pensar e intentar, con poca fortuna, reordenar mi caos particular.

Shooter es movido, nervioso y si lo suelto y vamos él y yo tiene tendencia a marcharse, a hacer su camino sin esperarme aunque siempre me echa un ojo, me tiene controlado y sigue adelante.

Si no lo suelto, le dejo correa, bastante larga para que no se sienta asfixiado, atado y sin poca movilidad. Este hecho ha acarreado la “reprimenda” de muchos expertos en adiestramiento de perros. No profesionales, gente como yo, pero con un grado en educación canina. Lo hago mal, de hecho, lo hice mal, no hay arreglo. El perro me domina, hace lo que quiere.

¿Saben? Yo mejor que ellos conozco a mi perro, las circunstancias en las que vive, su situación y lo que creo yo que mejor le va para que poco a poco aprenda las cosas que, en nuestro contexto quiero que aprenda y sobretodo para verle feliz.

Casi siempre me hago dos preguntas a mi mismo:

¿Por qué cuando llueve o es fin de semana no veo a esos “expertos” a la hora habitual de su paseo? Uno está ahí para él, para su momento, hay que respetarlo.

¿Por qué, pese a lo mal que lo educo, me sigue, se convierte en mi sombra a cada paso que doy y me quiere? Todos necesitamos sentirnos queridos.

Saquen ustedes mismos las conclusiones que se puedan sacar de éste contexto y si hay algo que puedan aprovechar para la materia que, se supone, trata este artículo.

Disciplina es una palabra que suena mal en estos tiempos contemporáneos. Impuesta a ciertas edades avanzadas tiene un efecto efervescente en los grupos, equipos o corporaciones pero aprendida a edades prematuras puede tener un efecto durable en el tiempo, permanente en el individuo y donde sea que se encuentre.

Es complejo aseverar algo en este sentido. No soy capaz. Me atrae la idea romántica que la mejor disciplina para un niño será aquella que se basa en una serie de hábitos y conductas aprendidas a una edad no muy avanzada. Aquella que proviene de convencer al jugador  a hacer las cosas de una determinada manera, buscando el porque que nos acerque a los objetivos individuales y colectivos marcados al inicio de temporada y la que sugiere que siempre habrá espacio para llenarlo de nuevos contenidos, de nuevos aprendizajes y por lo tanto la que someterá constantemente la voluntad del jugador.

Sugerir, enseñar, exigir, convencer, negociar, adaptar, respetar. Esos verbos son los que asocio a la disciplina deportiva contemporánea. Cualquier otra cosa, difícilmente me va a convencer. Insisto en que el carácter propio de la palabra, hay que utilizarlo sabiendo siempre donde estamos y a quien nos dirigimos.

¿Cómo ha der ser el entrenador? Corta y llanamente él mismo, con su personalidad, pero sobretodo como él siente en cada momento. No nos dirigimos a un solo tipo de personalidad, no nos sentimos de la misma manera cada día; hay que aprender a conocerse uno mismo y a partir de ahí tratar la gestión propia de las emociones, compatibilizándola con la gestión de las distintas individidualidades que conviven en un vestuario.

Llegado a este encuentro deriva la gestión de una alma colectiva de nueva creación, que dependerá de cada uno de los integrantes que formen el equipo.

¿El entrenador ayudante debe ser el contrapunto al primer entrenador? Pues no lo se. Yo se el tipo de persona que quiero a mi lado. También se el ideal de entrenador ayudante que querría. Pero cuando me muevo, me desplazo, cambio de equipo, en los entornos que nos movemos, por las dificultades financieras en otros casos, uno no siempre dispone la posibilidad de ir de la mano con quien quiere.

¿Sólo? Es una opción, pero el intercambio es necesario y enriquecedor. Y no solo de puntos de vista tácticos, no. Hablo de esa mirada de complicidad, de esa palabra amable de apoyo o de esos silencios que hablan de respeto.

Este tipo de relaciones las conforma el tiempo, las amolda el caracter, la personalidad, el gusto, la exigencia y el grado de compromiso de cada uno. Estamos acostumbrados a ver parejas de entrenadores que han triunfado en el deporte y queremos copiar su ejemplo. Pero es difícil, porque somos diferentes, porque estamos en ambientes y contextos opuestos y porque su relación puede tener también un grado de circunstancialidad que a veces desde fuera no somos capaces de medir ni valorar.

Es otro tipo de viaje, otro tipo de enseñanza y otra forma de ¿liderazgo? construir las relaciones entre el cuerpo técnico. Invertir tiempo en este aspecto, hablo por mi, me ha dado muchos y grandes aprendizajes en relación a conocerme y formarme como entrenador y principalmente como persona.

Y para concluir: Liderazgo.

No me veo capaz de hacer frente a todos los profesionales y entendidos en la materia. Pero me atrevo a decir que poco a poco el concepto se va vanalizando de tanto usarlo. Pasa con muchos otros aspectos, por ejemplo, y me entenderan, con los famosos valores.

¿Te preguntas a menudo si eres un buen líder? Yo no.

Prevalece el entrenador por encima del líder en mi interior. Es lo único que se. Y las pocas veces que me lo cuestiono es cuando el equipo está atravesando un mal momento, que puede coincidir por malos resultados o simplemente porque ves en la mirada de tus jugadores, que entre ellos y tu hay un abismo de distancia.

Liderar no depende de uno solo. Entrenaremos a distintos equipos a lo largo  de nuestra trayectoria deportiva, a un sinfin de jugadores, en entornos diversos y culturas múltiples. ¿Cómo se ejerce un estilo único de liderazgo, válido dónde sea y para quien sea? No me atrevo a caracterizar este estilo del que hablo.

Releí hace poco “Canastas Sagradas”, uno de los libros de Phil Jackson, entrenador de baloncesto y campeón de la NBA en once ocasiones. Os dejo un pasaje que menciona en su libro, para cerrar este artículo y dar fuerza a mi idea que el liderazgo no depende solo de nostros, como entrenadores:

Ahora ésta es la ley de la jungla,

tan vieja y tan verdadera como el cielo;

y el lobo que la mantenga prosperará,

y el lobo que la rompa debe morir.

Como la enredadera que ciñe el tronco del árbol,

la ley funciona adelante y atrás,

ya que la fuerza de la manada es el lobo,

y la fuerza del lobo es la manada.

(Rudyard Kipling)

Ah! No os perdáis los artículos que Juany y Luis estan preparando en relación a esta materia, porque estoy seguro que seran un buen lugar de anclaje para nuestra reflexión y aprendizaje continuo.

Gracias Juany; gracias Luis.

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