Enseñanzas que guiaron los primeros pasos de un Entrenador

De mi padre, que en paz descanse, entre otros recuerdos, voy a tener siempre presente tres instantes que derivaron, de algún modo, en una forma de aprendizaje.

El primero de ellos se produjo durante la celebración de un evento familiar. Acalló el griterío, puso fin a una de las conversaciones que mantendría con uno de mis tios y reclamó expresamente mi atención con tres palabras:

Dignidad, Lealtad y Tolerancia

“Dignidad, lealtad y tolerancia hijo; tenlas siempre muy presentes allá donde te encuentres”. Imposible de olvidar ese momento pero en especial esas tres palabras que me han acompañado desde ese preciso instante en las que cobraron vida en boca de mi padre.

El segundo momento que voy a recordar para siempre, se repetía prácticamente muchas noches de verano, especialmente aquellas semanas en las que acostumbraba a ayudarle en la fábrica en la que trabajaba. Durante el día observaba un hombre liderando con absoluta autoridad y firmeza a su equipo de trabajo; cuando llegaba la noche y en la pequeña terraza exterior de la casa, ese hombre mostraba una fragilidad conversando con su hijo, que contrastaba con esa seguridad y fortaleza con la que cada día ejecutaba su trabajo.

Liderazgo y Vulnerabilidad

Por último, tomé como aprendizaje su repentina, súbita y definitiva ausencia. No que la vida es muy corta y hay que aprovechar cada día, sino que uno no puede fiarse ni de su propio padre.

Confianza

 

Cuando empecé a ejercer de entrenador iba con lo puesto: cuatro notas mentales, entrenamientos preparados con una selección concienzuda de ejercicios del primer libro de baloncesto que tuve entre mis manos, un recuerdo particular que decidí tomar de cada uno de los entrenadores que tuve en mi etapa de jugador y, por supuesto, esas tres palabras que en su día me regaló mi progenitor, Dignidad, Lealtad y Tolerancia.

Han pasado ya muchos años desde esa temporada que suponía el pistoletazo de salida a una nueva forma de entender y participar en el deporte, una desconocida, a priori, búsqueda de un estilo de vida y una incontrolable pulsión a medida que ha ido transcurriendo el tiempo. El valor que para mi tenían, entonces, esos tres conceptos por separado, se ha transformado en la interiorización de tres valores que quiero que definan y caractericen mi persona.

Una temporada más y pronto habrá que decidir por donde seguir cada uno su camino.

Se honesto contigo mismo, da el siguiente paso con la carga que tu decidas acarrear, ni más ni menos, esa por la que sabrás valorar lo que te ha costado llegar hasta aquí,  el esfuerzo, las oportunidades y renuncias que suponen. Vayas donde vayas un altavoz de grandes dimensiones repercutirá en tu cabeza. No lo evites, escucha lo que emite, deja que pase y, según tu, toma nota de lo que debas tomar nota en ese pequeño cuaderno de viaje, que se acaba convirtiendo en aquel amigo a quien, por mucho que pase el tiempo, sabes exactamente donde encontrarlo y sin miedo alguno, empezar por el capítulo que sea, a sabiendas de no sentirte nunca enjuiciado.

Entrégate y respeta a todos esos compañeros de viaje que en ningún momento te han dejado solo, que han tenido el valor de criticarte de frente y a la vez resguardar tu espalda de cualquier ataque externo. Prepárate y acepta ser el siguiente en velar por los intereses de alguien que decida depositar toda su confianza en ti. Acepta y disfruta del valor de esa responsabilidad. Desde el primer hasta el último día, especialmente los días que preceden ese último, en los que parece que seamos presa de arenas movedizas, donde nada parece que esté sujeto a nuestro control y nos sumimos en una inercia que nos lleva a quebrantar en horas algo que solo el paso del tiempo, los días, los meses, los años fueron capaces de unir y compactar.

Abre los ojos y se consciente de donde te encuentras, con quien estás, a donde vas y si vas solo o acompañado, respétate o respeta porque no siempre coincidiremos en nuestras apreciaciones, deseos y voluntades; difícil tarea para uno mismo, imagina con otros, que como tu, tienen sus prioridades, sus metas, sus sueños y sienten, de vez en cuando o casi siempre esa pulsión que un día tu sentiste y fuiste capaz de reconocer. Pueden no alinearse con tu trazado, pero siempre te van a ayudar a identificar en que punto te encuentras.

Lee todos los libros de liderazgo que te apetezcan o te recomienden, asiste a todas las charlas motivacionales que se den a lo largo y ancho de tu zona geográfica en la que te encuentres, pero cuando llegue el momento se tu mismo, porque si enfrentas una tarea como la de ponerse delante de un equipo, del tipo que sea, el valor de afrontar reto de tal tamaño, habla por si solo de ti. Conócete, lidera desde dentro, desde quien eres. Cada equipo requiere un tipo de liderazgo y no el liderazgo de uno o varios que son referencia por su éxito pasado, presente y futuro a corto plazo. Se tu mismo, nadie mejor que tu sabe hasta donde estás dispuesto a exponer tus límites.

Por último, date otra oportunidad aunque vengas de la mayor sensación de fracaso que nunca hayas sentido. Que caerse  y levantarse se convierta en tu única rutina. Que con tu siguiente acción, tu énesima elección y la recién decisión tomada, tu mismo estés creando ese gran salto al vacío que requiera más y más músculo si no quieres, definitivamente poner fin a esa bendita rutina.

Y ya que te obsequias con una nueva oportunidad compártela con el resto, se generoso y bríndasela a todo aquel que crees que se la merece sin ningún tipo de miedo. Pase lo que pase, para bien o para mal, recuerda: decidiste volver a darte otra oportunidad.

¿Acaso no aceptas el juego? Si uno juega, tarde o temprano comete un error ¿no sería injusto que no tuvieras tu siguiente oportunidad, sea donde sea? Todos tenemos derecho a volver a empezar.

Finalmente entendí que no fiarse uno, ni de su propio padre, es absurdo. Asumo mi error.

Todo pasa, todo cambia. En la vida, en el deporte todo se reduce a una simple, por concepto, pero a la vez compleja, por resolución, cuestión de espacio y tiempo.

A este punto, se valiente. 

Gracias papa, por construir ese puente, al otro lado del cual, esperaba la escuela de la vida. 

Me di cuenta tarde.

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