Sospecho de la Pasión

Como aquel amor imposible, que se quiere, que se desea pero se encuentra tarde, fuera de tiempo y de lugar y que se consume a tal velocidad que sin darte cuenta te devuelve a su estado original. Es ahí donde todo vuelve a cobrar sentido. Ese quiero y no puedo. Ese quiero y no debo. Pero al fin y al cabo nuestro quilometro cero para las nuevas situaciones que nos acabará deparando la vida.

No está en nuestras manos hacernos con su control. Simplemente llega, hay que abrazarla, sentirla y aceptar esa pulsión que nos domina pero que a la vez nos transforma en otro ser que habita en el absoluto, la plenitud, la fluencia de pensamientos y sensaciones entregadas a una causa, un momento, a otro ser.

¿Mi pasión es el baloncesto? ¿O es ser entrenador de baloncesto? ¿Quizá mi pasión tal vez sea un estilo de vida deseado, en el que el rol de entrenador y el tipo de deporte me lo sugieren?

Durante todos estos años dedicados al entrenamiento ha habido distintas fases que ahora soy capaz de reconocer, sin saber en absoluto las que aún estan por llegar y que ni mi intuición es capaz de albergar. Empecé con absoluta ingenuidad a entrenar, no era por ganar un poco de dinero, ni por una oportunidad de afirmación personal, ni una pretensión laboral ni una locura propia de adolescente que pudiera estar cerca de catalogar esa decisión fruto de la pasión.

Antaño no estaba de moda hablar de pasión. Ni había la accesibilidad a los pocos canales que si pudieran hacerlo. Con 17 años les juro que no sabía lo que era sentir pasión. Nadie me lo enseñó ni nadie fue capaz de hablarme de ella. No pongo en duda que se pudiera sentir y que los jovenes de hoy la puedan sentir. Yo no la sentía.

Pero a medida que transcurren los meses, las temporadas, las generaciones de niños y niñas que entrenas, las escuelas y clubs por los que pasas van trazando un camino y en ese camino, la persona que lo transita cambia de piel; ese ingenuo joven que empezó a entrenar ya siente otro tipo de cosas, ya es más racional en la toma de decisiones, ya hay planes y objetivos y no estás solo en un mundo ferozmente competitivo. Das con la existencia de lo bueno y lo malo, lo que se debe y lo que no se debe, lo permitido y lo prohibido, el qué, el cuánto y el cómo que te ubica en otro estadio de ¿sabiduría?… y tantas y tantas cosas, generales y específicas del deporte en cuestión.

Te preparas, haces cursos, compras y lees libros -porque hay que leerlos, con solo hacerse con ellos no acumulas conocimiento- te adentras en asociaciones, en revistas especializadas, aprendes a ver el baloncesto desde otra perspectiva lejos de la de aficionado, estudias y analizas los partidos y empiezas a acumular y acumular, papeles llenos de gráficos, notas, listas, videos de partidos y horas de sueño, muchas horas de sueño.

Conoces gente que como tu también son entrenadores, muchos de ellos con más experiencia, otros más noveles, distintos niveles, distintos conocimientos y modos de ver el mundo del entrenamiento. Eliges con quien vas y con quien no. Eliges que te quedas de uno y que rechazas de otro, perdón eso no es estrictamente cierto, porque al final te quedas con lo que puedes incorporar, lo que rechazas simplemente no está, nunca estará para ser escogido. Eliges lo que te gusta de cierta gente, no de toda la gente que cruzas en tu camino.

Sientes miedo, unos más que otros por supuesto. Somos tantos, descubres que hay tanto por conocer, que en momentos te supera, te hace dudar del camino que un día empezó, sin más pretensión que entrenar a un grupo de chavales. Llegado a ese punto empiezas a conocerte un poquito más a ti mismo, decides lo que quieres y lo que no quieres y eso se traduce simple y llanamente con quien vas y con quien no vas. Debes decidir si vas a formar parte de un círculo poco virtuoso o te vas instalar en el mundo que empezaste a construir desde la ingenuidad. La elección te condiciona, ya nada es igual.

Seguía sin saber nada de lo que era pasión. Estaba claro que una fuerte conexión con el hecho de entrenar existía, te llenaba la cabeza de pensamientos y de gráficos los apuntes de la facultad. Cambió prioridades sin tu darte cuenta, solo con el tiempo, pero no en ese preciso instante. Es absolutamente mágico levantarte un día y descubrir que estás hecho de otros pensamientos, de otra visión, de otras prioridades y tu no decidiste conscientemente ese cambio.

Llegó un momento en la vida que el baloncesto me dió la oportunidad de vivir de manera profesional, de ganarme un sueldo cada mes, ejerciendo solo de entrenador, con muchas tareas que hacer, varios equipos que entrenar, etc… Yo siempre lo he llamado ser profesional del baloncesto pero en entornos absolutamente amateurs, con un punto de locura altamente gratificante. Se lo debo todo, absolutamente todo.

Es ahí donde empieza a construirse ese salto al vacio unos metros más allá de donde te encuentras. Tu vida cambia, tus elecciones y renuncias parecen tener una densidad distinta, pesan mucho más. Ya nada es lo mismo. Condiciona a tu familia, a tus amigos, a tu pareja, a tus estudios, a tu supuesto plan de vida concebido, a tu futuro y a tu estado emocional, porqué deberás prepararte para aceptar una responsabilidad distinta a la que conocías. Deberás prepararte emocionalmente para estar en condiciones de pegar un buen salto siempre que se requiera. El vacío se construye cada día, a unos metros de tí, ajeno a tu actividad, ajeno a lo que en cada momento sientes; cada día es más profundo.

¿Sentía pasión? No. ¿Locura? Puede que estuviese más cercano a ese desecuentro con la cordura, con lo supuestos teóricos dictados por la mayoría.

La tan nombrada suerte de vivir con lo que te gusta, de trabajar como entrenador de baloncesto, es que te alejas de un mundo muy particular en el que has recibido tu educación, te alejas de tus amigos, te alejas de tus sitios favoritos, de tus costumbres; de lo que debía ser, de lo que debía hacer… Pero las reemplazas temporalmente por otras. Y así sucesivamente una vez entras en esta espiral de perseguir ese estilo de vida, de vivir con esa profesión, que a estas alturas del texto aún no me atrevo a llamar pasión.

Ese reemplazo temporal, particular de cada sitio donde habitas, donde trabajas, se transforma en un estadio sólido donde se construyen nuevos muros y te marcan nuevos límites que entender, aceptar y tratar de superar.

Es ese momento en que crees traspasar nuevos límites, por la excepcionalidad de tus acciones, por la valentía de tus decisiones, por transitar caminos en solitario que descubres conceptos como la pasión. Te definen desde fuera, la excepcionalidad te hace apasionado. Es una etiqueta positiva a priori, “siente pasión” dicen. Lo incorporas en tu discurso interno, ese que puede ser tan peligroso y dañino con uno mismo. Más músculo para dar ese salto las veces que se requiera.

Pero la pasión al fin y al cabo es una moda externa, no forma parte de ti, no empieza como tal, simplemente es una pulsión incontrolable. Después de tantos años entrenando, con la certeza de que quiero seguir haciéndolo, después de haber padecido y sufrido por cada salto al vacio que he decidido acometer, no puedo dejar en manos de la pasión todo esta obra que uno intenta materializar.

La suerte de poder hacer y tener claro lo que te gusta, para poder dedicarte en cuerpo y alma, creo que reside en una etapa anterior, cuando somos niños, cuando nos apoderamos de la ingenuidad simplemente porque no sabemos que es tal. Ese momento de descubrimiento, que se va formando a través de la educación, del entorno en el que te ha tocado vivir, de la cultura y de las personas que te guían en los primeros años de tu vida, es un momento de reposo, donde las cosas van tomando cuerpo. No hay lugar para la pasión en ese punto.

Hay momentos de pasión, que te dan y que te quitan, pero es tanto lo que te da y tan importante a la vez, que no concibes que escape a tu control. Y es tanto lo que te quita, la renuncia personal llega a ser tan grande a veces, que no puedes evadirte de esa responsabilidad.

La moda en la que hemos instalado entre todos la pasión ha hecho que la sustituya por la búsqueda de un estilo de vida… pero como recordarán algunos compañeros que me encontrado durante mi camino, sigo preguntándome, desde esa noche de Navidad de 2011, por su orígen, de dónde nace.

Sospecho de la Pasión.

Pero la vida es un imperceptible y constante cambio y una fuerza concentrada como es la que la pasión sugiere debe tener algo que ver en ello.

Mientras, seguiremos nuestro camino.

 

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