Una Gran Lección de Equipo

¿Cuándo fue la última vez que sentiste admiración por algo o por alguien? ¿Cómo la sentiste?  ¿Por qué?

La respuesta a ese por qué requiere de tiempo, observación, escucha y un profundo conocimiento de los valores que son importantes para uno.

El pasado miercoles el Baloncesto me brindó la oportunidad de vivir una gran y bonita experiencia como Entrenador que se prolongó hasta ayer jueves. Entre otras muchas tareas y algún que otro equipo más, me hago cargo del entrenamiento del equipo masculino del instituto St Endas de Galway, Irlanda. Chicos con edades comprendidas entre los 16 y los 18 años que aparte de jugar con su equipo del instituto lo hacen también con su club pero, además, muchos de ellos combinan la práctica del baloncesto con el rugby, el futbol gaélico y otro deporte muy popular en el país como es el hurling.

El hecho de que algunos practiquen simultáneamente varios deportes no deja espacio más que para una sesión a la semana. Si a esto le añadimos las condiciones de entrenamiento, las dimensiones no reglamentarias de la pista y la escasa disponibilidad de material, balones incluidos, como Entrenador de entrada te plantea muchas dudas y dificultades acerca de desarrollar tu trabajo como normalmente estás acostumbrado.

Es fácil caer en la tentación de dejarse llevar, abandonar la exigencia que acarreas normalmente, cuando las condiciones son tan “precarias” y el margen de maniobra es muy limitado. Piensas primero que “esto no va conmigo, estoy acostumbrado a otros niveles, no me voy a romper la cabeza” pero inmediatamente te das cuenta que esto no te sirve para nada, que los chicos tienen hambre de baloncesto y quieren aprender, jugar y prepararse para representar de la mejor manera posible a su instituto.

Un Entrenador es entrenador independientemente del nivel y la categoría que entrene, esto es algo que no deberíamos olvidar nunca, por respeto al equipo que dirige, por si mismo y por su vocación y/o profesión.

Al finalizar el primer entrenamiento ya me dí cuenta de la importancia que tenía el baloncesto para los chicos, para la profesora y a la vez delegada de equipo y para el propio instituto. Que la disponibilidad y los elementos no fuesen los mismos a los que estaba acostumbrado no me daba derecho a bajar un peldaño mi exigencia y predisposición al entrenamiento. Fue lo primero que me enseñaron sin que ellos fueran conscientes; uno de los primeros desaprendizajes que obtienes y que suelen vivir todos aquellos que tienen la fortuna o se ven en la obligación de cambiar de país y hacerse a una nueva cultura con su mentalidad y costumbres distintas.

A medida que avanzan las semanas es el turno de la competición. Y detrás de ella una fantástica organización a nivel federativo que te acerca aún más a comprender el porqué de lo que supone representar para esos chicos su centro educativo. Dos competiciones paralelas, Liga y Copa; que envidia sentí pensando en lo que conozco del baloncesto escolar en España. No os dejará indiferentes saber que esas competiciones se juegan entre jueves y viernes en horario escolar…Creo que es suficiente para entender el grado de importancia que obtiene la práctica deportiva en el ámbito educativo en un país como Irlanda, porqué lo mismo sucede con los otros deportes antes mencionados.

Otro momento significativo es cuando la dirección de la escuela, debido a la excelente predisposición de los chicos, sus ganas de hacerlo mejor y estar más preparados para las momentos decisivos de la competición decide invertir dinero en el alquiler de una cancha de baloncesto de medidas reglamentarias y llevar a cabo ahí el entrenamiento semanal en lugar de la vetusta instalación de la escuela. Como Entrenador la responsabilidad crece y el sentido de pertenencia se va acentuando, sin llegar al grado que sienten los chicos, pero sin duda, en aumento y facilitando mucho mi comprensión de lo afortunado que soy de poder estar viviendo algo así.

Contextualizada la situación, pueden entenderse las dudas y las incógnitas que me asaltaron como Entrenador a la hora de planificar el trabajo a desarrollar durante los siguientes meses. Con una estructura diferente, con una disponibilidad de medios y tiempos distintos a los que estás habituado, todo lo que has hecho anteriormente no sirve. O te reinventas o el fracaso está prácticamente asegurado.

¿Cómo te reinventas sin perder la esencia que te caracteriza como Entrenador, en un entorno que demanda resultados pero que a la vez exige que sea dentro de unos parámetros de disciplina y valores representativos del centro educativo?

Primero observas a los protagonistas de esta historia, que no son otros que los propios jugadores. Sus capacidades técnicas principalmente y en un segundo orden de cosas en que punto táctico puede darse el encuentro entre ellos y yo como Entrenador. El equipo está integrado por 16 jugadores, si, habéis leído bien y por supuesto como podréis imaginar los niveles son tan dispares que no hacen más que agudizar mis quebraderos de cabeza.

En segundo lugar escuchas a la persona que va a trabajar contigo, la delegada o Team Manager como aquí se conoce pero que a la vez ejerce de profesora en el Instituto. Es una buena representante y nexo de unión de los valores que definen y representan la escuela pero a la vez la figura que conecta emocionalmente con los jugadores, su manera de vivir y sentir el deporte y lo que supone representar el Instituto a través del deporte, en sus distintas competiciones.

En tercer lugar piensas en la táctica, como los vas a organizar dentro de la cancha, que esquema van a jugar. Ese tipo de cosas que tanto nos gusta a los Entrenadores y que año a año la experiencia acumulada  va poniendo en duda la importancia relativa dentro de la vida de un equipo.

¿Cómo cocinar estos tres grandes ingredientes?

1) ¿Qué valores me definen y son importantes para mi?¿Cuáles de ellos coinciden con los de las personas a las que representas? Ésta fue la primera cuestión que abordé y de la que tenía claro que había de constituir los cimientos en los que se sustentara todo el proceso.

2) ¿Vas a enseñar o a dirigir? ¿Les vas a enseñar a entender el juego del Baloncesto o por el contrario a dictar una serie de directrices que faciliten unos mecanismos para jugar a hacer jugadas? Como creo que todo es válido siempre que uno sea coherente durante el proceso, elijo  mi manera de sentir y pensar el baloncesto independientemente de las exigencias deportivas o léase resultados.

3) ¿Qué lugar va a ocupar este equipo en tu escala de prioridades, en el conjunto de tareas y responsabilidades actuales? Afinar lo máximo posible en este aspecto es importante para ser y ofrecer constancia y no depender de factores que te fuercen a dar bandazos y crear dudas.

Los resultados obtenidos nos llevaron a clasificarnos para los cuartos de final de Copa, a partido único y como visitantes. En otro acto que despertó mi admiración y cierta incredulidad a la vez, dada la larga distancia del desplazamiento, unas cinco o seis horas si incluimos las paradas obligadas, la escuela ofreció la posibilidad de viajar el día antes en autocar, hacer noche en el hotel, disputar el partido y volver una vez finalizado el mismo. Se aceptó la opción  una vez consensuada con las famílias y este pasado miercoles y jueves disfruté de una de las mejores experiencias que el Baloncesto me ha ofrecido hasta ahora.

Puede que algunos no me entendáis, pero este despliegue en deporte escolar y para el baloncesto en particular, que aquí en Irlanda puede que sea el quinto deporte en popularidad, aún me tiene fascinado.

Había dudas de si era lo más conveniente viajar el día antes o la misma mañana del partido. Si los chicos confundirían el despliegue realizado como una salida para la diversión y la témida noche en el hotel libre de obstáculos para no descansar lo suficiente y que esto afectara su concentración.

Concluimos que la experiencia que supondría para la mayoría de ellos sería increible e inolvidable, porqué casi que por unas horas se convertían en pequeños profesionales del baloncesto. Viaje, hotel, sesión de tiro y estiramientos, cena, reunión de equipo, descansar, desayuno y partido… Qué envidía sentí por momentos cuando recordé mi etapa de jugador.

Lo que vino a continuación nos sorprendió tanto a mi como a la profesora: la felicidad, la alegría, la unión que demostraban esos jugadores es algo que como entrenador creo que tienes la suerte de vivir en muy contadas ocasiones en tu carrera deportiva. “Un equipo escolar” pensaba para mis adentros, quien me lo iba a decir cuando cada año buscas la excelencia en el equipo de turno del club que ha decidido confiar en ti como entrenador. “Y en Irlanda!…pero si aquí el baloncesto…”

Fueron unas 4 horas donde el equipo nos deleitó con canciones por doquier, de distinto estilo musical, todos juntos, una sola voz. Fue maravilloso. Es en ese momento que la frase que has leído cien veces y te han repetido unas dos cientas más “el éxito es el viaje, no el destino” y sus distintas formas, adquiere un valor y la sientes muy dentro de ti. Por muy sabida que sea una cosa, no hay nada mejor que testarla y experimentarla para tus adentros.

¿Cómo les explicas a estos chicos, que a pesar de todo esto, pueden perder con la consecuente eliminación de la competición? ¿Estan preparados para algo así?

Creo que nadie se prepara para perder, todos los equipos entrenan y se preparan para ganar. Pero la diferencia puede que radique en el camino que elijas para querer ganar. En este sentido, la comunión era unánime, después de una semanas de trabajo y de conocernos unos a los otros, uno de los activos más preciados con el que contamos como equipo es que todos sus miembros saben, reconocen y disfrutan del camino que hemos elegido para intentar ganar los partidos. Ayer no fue una excepción: un camino para jugar bien y para jugar mejor que el otro equipo.

Uno de los momentos importantes que la profesora y yo nos marcamos en este “viaje” fue el mensaje que queríamos hacer llegar al equipo. Consensuamos, acorde a los valores que la escuela transmite a estos chicos cada día, que en un momento de la charla previa a subir a las habitaciones y descansar, les recordasemos que se podían dar las dos posibilidades de ganar o de perder y como debíamos afrontar cada una.

Durante esa charla se consiguió generar un estado de Flow, como pocas veces he sentido como Entrenador… más cuando el idioma es una barrera para poder expresar al cien por cien y con total seguridad tu mensaje. El trabajo estaba hecho, el equipo estaba preparado, todos andábamos construyendo un mismo camino.

A veces las personas pensamos que por muchas cosas extraordinarias que hagamos, por diferentes que sean con respecto a lo que, suponemos, hacen el resto de mortales y por el sacrificio que estamos dispuestos a rendir, el resultado final que esperamos se alineará con las expectativas previas que teníamos.

Y la vida te enseña con el paso del tiempo que eso no es así; no almenos de manera inmediata. El peso de la derrota puede caer encima tuyo y no dejar rastro de esas expectativas iniciales. Y aprendes a seguir y aprendes a tolerar el sentimiento de frustración y decepción contigo mismo, incluso en este caso, que hablamos en términos de equipo, tolerar y aceptar que uno o varios compañeros puedan no tener una buena actuación y que tenga una influencia más o menos directa en el resultado final obtenido por el equipo.

Lo entendieron.

Llegó la hora que todos estábamos esperando. Disfruté de cada segundo desde que subimos al autocar, pasamos por el vestuario, la rueda de calentamiento, el desarrollo del partido y el pitido final.

Y no. Esta historia no acabó como nos hubiese gustado, que es ganando el partido. Venció el rival y le felicitamos por ello y le deseamos toda la suerte para la siguiente ronda. Pero permitidme, antes de poner el punto y final, contaros algo que nunca antes había visto en una cancha de baloncesto.

Minutos iniciales del último periodo. El resultado nos era muy desfavorable, llegamos a perder de 28 puntos en el tercer cuarto pero recortamos poco a poco el marcador en base a entender que  el juego debía seguir siendo fiel a nuestro estilo y el estilo es el jugador y sus distintos matices de fuerza, intensidad, ritmos,pausas que requiera el partido.

El equipo se puso a solo cuatro puntos de diferencia faltando dos minutos. Y el partido se detuvo. Los árbitros querían arreglar algo del tiempo y el marcador. Los jugadores sabían que el parón les “mataba“, les cortaría esa increible producción que estaban obteniendo. Pasaron más de 3 minutos parados, cuando los jugadores de banquillo, ante la indignación de sus compañeros en pista, salieron a su rescate. Empezaron a cantar una de las canciones que les une e identifica como Equipo e Insituto. Empezaron tres o cuatro jugadores, les siguieron el resto del banquillo y ante mi sorpresa de lo que allí estaba pasando, los jugadores de campo se unieron; todo el equipo estaba cantando mientras el partido seguía detenido. La estupefacción y silencio en el equipo contrario como en la grada era generalizado.

Imposible contener tanta emoción, esa conjunción, esa unión de esos chicos no la habia vivido ni se había manisfestado de manera tan apabullante en cualquiera de los equipos que he tenido la suerte de entrenar.

Una mirada de complicidad entre la profesora y yo era suficiente para entender que pasara lo que pasara a partir de entonces, sería una anécdota comparado con la manisfestación y la declaración, al unísono, de todo un EQUIPO en mayúsculas.

La decepción entre los chicos era evidente, después de remar y remar murieron ahogados en la orilla, pero se mantuvieron unidos y tuvieron el coraje de felicitar al rival primero, desearle suerte después y juntarse de nuevo para llorar y encontrar consuelo juntos.

No se si tendré la ocasión de ver ganar a este equipo en la Liga, o si el año que viene seguiremos juntos en un nuevo camino, solo se que pase lo que pase, esté quien esté,  estan más cerca de vencer.

Y vencerán.

La lección de vida y Baloncesto que me enseñaron ayer estos chicos acrecenta aún más mi admiración por cada uno de ellos y, especialmente, mi admiración ante uno de los mejores Equipos que nunca antes tuve la suerte de entrenar.

Gracias chicos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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